jueves, 22 de octubre de 2009

miércoles, 21 de octubre de 2009

Felicidad

11 de octubre de 2009
http://padreguillermomarco.wordpress.com/
En septiembre partí con 20 jóvenes de mi parroquia a misionar en el Chaco. La gente nos esperaba con gran expectativa, Es difícil transmitir lo que se vive allí, si tuviera que titular esta nota debería ponerle. “como se puede ser feliz con casi nada” o por la negativa “Como se puede tener y no valorarlo” la primera frase vale para los de allá, la segunda para nosotros. Las risas, las miradas transparentes, la amabilidad en las costumbres, nacen casi espontáneamente de esta gente de campo, que da sin esperar recibir. Uno podría pensar que esta felicidad brota de lo que tienen, pero no es así. En primer lugar no tienen agua, la que usan la sacan de sus pozos o aljibes y hacía siete mese que no llovía. Sin lluvia no se siembra, por lo tanto no hay trabajo y la comida escasea. En salud no están mejor, nuestra médica detectó varios casos de desnutrición. En la salita de primeros auxilios, hacía tres meses que no tenían enfermera, la escuela es multigrado, hay chicos que en cuarto grado que leen y escriben con dificultad. Cuando llegué a Buenos Aires era lunes, la ciudad despertaba a su caos habitual, me crucé con gente bien vestida que caminaba como autómata con la cara larga. Otros se insultaban en el tráfico, el ruido y la agitación urbana me suscitaron la pregunta: ¿Por qué vivimos tan mal, teniendo tanto, y ellos son felices con tan poco?

La experiencia se repitió pocas semanas después, en la peregrinación a Luján, que no deja de sorprenderme año a año. Según datos de la policía 1.300.000 personas (300.000) más que el año pasado caminaron a Luján. ¿Cómo se junta tanta gente? No marchan porque los trajeron pagados, tampoco porque gastamos millones en publicidad en los medios. Tampoco porque es una maratón. Si así fuera la gente llegaría a la plaza de Lujan y se volvería a su casa. Pero no, la gente entra a rezarle a la Virgen. Allí en el enorme templo desprovisto de bancos, una marea humana entra a confiarle a esa madre pequeñita, sus agradecimientos y peticiones, Ella es quien los atrae cada año. 100 personas cortan una calle y son noticia. 1300.000 jóvenes caminan 70 km a Lujan y solo serán noticia si el Cardenal Bergoglio en la misa critica al gobierno. Como este año no lo hizo y además se murió la Negra Sosa, sencillamente fuimos invisibles. Entonces me percate de que lo que nos hace felices a muchos, no necesariamente es noticia.

Durante la semana que pasó estuve de retiro espiritual en un convento de monjas Benedictinas de clausura. Son mujeres que han renunciado a su libertad, para ser libres interiormente de las cosas del mundo. Todas visten igual, cantan con una sola voz armónicamente. Renunciaron a pintarse como una puerta, para estar más visibles o hermosas, si embargo hay que ver sus rostros, sus miradas para entenderlo todo, se las ve felices…Tres fenómenos distintos: pobres sin nada material, llenos de Dios; jóvenes que expresan su alegría a través del sacrificio y la alegría de llegar juntos a los pies de la Virgen. Mujeres que hicieron de la oración una forma de vida. En las tres experiencias volví a confirmar por donde pasa la búsqueda de la felicidad y recordé aquella frase de San Agustín: “Nos hiciste Señor para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no te encuentre a Ti”.

Pbro. Guillermo Marcó

lunes, 19 de octubre de 2009

Medios de comunicación del mundo desarrollado, autores de la visión negativa de África

Lunes 19 oct (RV).-

“África en los medios de comunicación de masas: los nuevos paradigmas de la información” fue el tema del encuentro, organizado por el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales y Radio Vaticano, que se realizó en la sala Marconi de nuestra emisora, en el marco del Sínodo de Obispos para África, donde el tema de la comunicación ha sido una insistente preocupación de los padres sinodales.
Ante la presencia de cuatro obispos de República Democrática de Congo, Guinea Bissau, Benín y Uganda, el padre Federico Lombardi, director de Radio Vaticano y de la Oficina de Prensa de la Santa Sede puso de relieve la poca información, en especial, positiva que aparece en los medios de comunicación de los países en desarrollo, y al mismo tiempo, las dificultades para ofrecer información de primera mano, es decir, directamente de la fuente, sin que ello -como a veces sucede- represente un peligro para la persona o el medio.
Cada uno de los padres sinodales, en su mayoría, directores o responsables de las comunicaciones en sus países, coincidieron en la necesidad de usar los medios de comunicación como vehículos de la verdad, es decir, de informaciones correctas y justas sobre las causas, circunstancias y consecuencias de lo que acontece en sus regiones y países. En este sentido, ofrecieron ejemplos concretos de cómo los medios, en especial, las emisoras de radio han podido ser medios también de reconciliación y de paz ofreciendo informaciones claras y compensadas en situaciones de conflicto.
Precisamente sobre los medios de comunicación de la Iglesia, en África, nuestra enviada especial, Alina Tufani Díaz ha conversado con Monseñor Giuseppe Franzelli, obispo de Lira, en Uganda.
Sobre la imagen negativa que se da de África en los medios occidentales, ya sea por las guerras, la pobreza, la droga, el sida, y que conduce a una especie “afro pesimismo”, como lo definió el obispo de Bissau, monseñor Franzelli considera que toca a los africanos mostrar lo mejor de sí mismos.
Monseñor Franzelli está participando en la II Asamblea del Sínodo de Obispos para África. En este sentido le preguntamos si en efecto ha sido reflejada en su complejidad y amplitud la situación del continente.
Por último, el obispo de Lira, en Uganda, nos comenta cuál es su mayor desafío, su prioridad como pastor una vez que regrese a su diócesis.

http://www.radiovaticana.org/spa/Articolo.asp?c=327357

jueves, 15 de octubre de 2009

Aumento de población mundial no genera más hambre, dice Director de la FAO

ROMA, 13 Oct. 09 / 08:35 pm (ACI)


En su intervención en el Sínodo de los Obispos de África que se realiza en el Vaticano, el Director de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Jacques Diouf, desmintió el mito que plantean algunos sobre la directa dependencia del aumento del hambre en el mundo con el aumento de la población.

Así lo refirió el Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, Mons. Renato Volante, en entrevista concedida a L'Osservatore Romano ante la próxima vista del papa Benedicto XVI a la sede de este organismo, explicando que Diouf hizo esta explicación respondiendo a una de las preguntas de los padres sinodales.

El Nuncio explicó que este mito es "ciertamente un falso problema".

Ya en 1996, dijo Mons. Volante, Juan Pablo II lo señaló claramente: "Sería ilusorio creer que una estabilización arbitraria de la población mundial pueda directamente resolver el problema del hambre".

Entonces, continuó el Prelado vaticano, "el señor Diouf, de modo claro y sintético, ha repetido el mismo concepto: no es el número de la población la que crea el hambre en el mundo".

Lo que genera el hambre, explicó el Nuncio, "es la falta de agua, las diferencias entre un mundo opulento, que bota el alimento, y un mundo pobre, que no tiene alimento; es el escándalo de la destrucción de la comida en los países ricos que no pueden ser donados a países que sufren hambre por motivos jurídicos".

Estos, concluyó Mons. Volante, "son los elementos que crean el hambre en el mundo y no la población. Y a estos elementos debe atribuirse, con frecuencia, la falta de solidaridad y el egoísmo de muchos de nosotros".

Aumento de población mundial no genera más hambre, dice Director de la FAO

lunes, 5 de octubre de 2009

Urgen dirigentes católicos para rehabilitar ética en la política, dice Obispo argentino.

BUENOS AIRES, 05 Oct. 09 (ACI).- El Obispo de Posadas, Mons. Juan Rubén Martínez, insistió sobre la grave necesidad de que "en nuestro tiempo haya cristianos comprometidos, gente de recta conciencia, sobre todo laicos que comprendan que la santidad en su propia vocación está ligada no sólo con aspectos de su piedad personal que de hecho son imprescindibles, sino en la transformación de las realidades temporales, apostando por opciones que impliquen la evangelización de la cultura".
El Prelado reiteró que en nuestros días necesitamos la multiplicación de personas que "con el testimonio público de sus vidas sean signos de esperanza para nuestra gente", y señaló que ese estilo de liderazgo se necesita para "revisar y tener una medida desde donde evaluar a nuestra dirigencia política y social en nuestra patria y provincia, sobre todo en un contexto donde a veces podemos tener la tentación de la desesperanza cuando aparece más como horizonte el pragmatismo, los posicionamientos sectoriales que la necesidad de la magnanimidad y referencia al bien común".
"En un cambio de época, caracterizado por la carencia de nuevos estilos de liderazgo, tanto sociales y políticos, como religiosos y culturales, es bueno tener presente esta concepción del poder como servicio", dijo el Obispo de Posadas.
"Como Iglesia, este déficit nos cuestiona. En un continente de bautizados, advertimos la notable ausencia, en el ámbito político, comunicacional y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos, con fuerte personalidad y abnegada vocación, que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas", lamentó.
Mons. Martínez alentó a los líderes de las organizaciones de la sociedad a participar en "la reorientación y consiguiente rehabilitación ética de la política", y les pidió, citando el último documento del Episcopado argentino para el bicentenario, que "se esfuercen por ser nuevos dirigentes, más aptos, más sensibles al bien común, y capacitados para la renovación de nuestras instituciones".
Por último, el Obispo sostuvo que "el mejor aporte a la esperanza en el contexto actual, y en camino a celebrar bien el bicentenario en nuestra Patria es aumentando la magnanimidad en nuestra sociedad y saliendo de nuestras mezquindades que siempre nos dañan".
http://argentinosalerta.org

lunes, 21 de septiembre de 2009

Lo que sólo la Universidad puede dar.

Hacía tiempo que la Universidad no acaparaba tantas noticias en los medios de comunicación como en este curso que terminamos. El motivo ha sido la reacción al Plan Bolonia de reforma de nuestro sistema universitario. Esta coyuntura ha provocado una interesante reflexión: la conveniencia de que la Universidad se adapte a las demandas de la sociedad. El enfoque que se dé a esta cuestión va a depender de cómo se entienda la misión propia de la Universidad; es decir, de si sabemos identificar cuál es el papel específico e intransferible que únicamente la institución universitaria puede desempeñar en la sociedad. Sólo así podremos realmente evaluar si una reforma mejora aquello que se dispone a cambiar.
Parece que una corriente influyente ve a la Universidad como una habilitación para el mundo laboral. Desde esta perspectiva, es lógico que se potencien la adquisición de conocimientos y de habilidades que sirvan al mercado de trabajo. Sin embargo, este planteamiento de la misión de la Universidad parece que olvida algo que los buenos profesionales tienen muy presente: que nunca se deja de estudiar.
No estoy diciendo que la preparación técnica no sea necesaria, pero sí que pienso que la Universidad está para algo más. El valor añadido que la educación superior puede proporcionar es, a mi modo de ver, el cultivo de una formación intelectual. Esta no consiste propiamente en ser erudito o en ser capaz de resolver problemas cada vez más difíciles. Consiste, más bien, en saber pensar, en saber ejercitar el intelecto, que es distinto de almacenar cosas en la memoria o de aplicar el método correcto.
Cualquier actividad intelectual gira fundamentalmente en torno a dos puntos: saber hacerse las preguntas pertinentes, y saber dar una respuesta consistente a esas preguntas. Muchas veces da la impresión de que las preguntas importantes para un universitario tienen que ver con las salidas profesionales de unos determinados estudios. Sin embargo, hay preguntas que se incuban en el interior de la persona, y que son más determinantes para la propia vida: ¿Cómo he de tratar a los amigos? ¿Quién es la persona con la que quiero formar mi futura familia? ¿Vale la pena arriesgarse por algo? ¿Hasta qué punto me compensa decir las cosas sin aparentar? ¿Son iguales todas las formas de divertirse el fin de semana? ¿Qué hace que algo sea efímero?
Precisamente durante los años de Universidad una persona se plantea este tipo de preguntas de un modo más candente. Se trata de un periodo decisivo, pues resulta inminente la salida a la vida profesional y social. Para estas cuestiones decisivas no sirve cualquier respuesta. Hay muchas posibles, pero algunas de ellas son más verdaderas que otras.
En esta búsqueda, la razón opera de un modo específico, distinto al que proporciona evidencias científicas. La ciencia es, de por sí, metodológica, esto es, ofrece métodos eficaces para verificar una hipótesis planteada. Pero este modo de funcionamiento sirve poco para las decisiones que hay que tomar. La vida no es un laboratorio, puesto que no es posible hacer experimentos. La vida es más bien un proyecto que hay que realizar. Para ese proyecto, la razón aprende de las experiencias compartidas, y a ella le corresponde comparar y apreciar los comportamientos más dignos. De ahí que se hagan más necesarias durante la época universitaria las disciplinas humanísticas, como son la literatura o la historia.
No obstante, estos conocimientos no son suficientes para avanzar en el camino de la vida con paso seguro. Tienen que ir de la mano de un ambiente que propicie esa búsqueda de la verdad. Es muy difícil avanzar en soledad por este camino porque fácilmente uno puede engañarse. Buscar la verdad es una tarea solidaria, que se hace acompañado de otro. En este sentido, resulta paradigmático el ejemplo de Sócrates, quien dialogaba para ayudar a sus interlocutores a detectar por sí mismos los planteamientos contradictorios que sostenían.
La misión de la Universidad puede sintetizarse en dos palabras: convivencia culta. En la medida en que proporcione un ambiente que facilite a los jóvenes estudiantes poder plantearse las grandes preguntas sobre el sentido de la vida y buscar las respuestas más verdaderas, la Universidad prestará un servicio que difícilmente puede realizar otra institución. Esto es debido a que la formación intelectual es algo más amplio que la formación académica o el aprendizaje de habilidades. Implica saber ejercer la inteligencia. En efecto, la inteligencia se ejercita cuando resolvemos ecuaciones o cuando invertimos en Bolsa, pero fundamentalmente tenemos inteligencia para dirigir nuestra vida.
A veces da la impresión de que el sistema educativo quiere equipar a los jóvenes con un cronómetro bien preciso. Parece que hay que saber hacer cosas útiles; y cuanto más útil sea aquello y menos tiempo requiera, mejor. Los jóvenes ya tienen suficientes cronómetros: más bien nos están pidiendo una brújula. La formación intelectual que se siembre en esta convivencia culta contribuirá a que cada universitario sea capaz de orientarse en el camino de su vida. No se trata tanto de saber hacer muchas cosas, sino más bien de discernir qué cosas vale la pena hacer.
El sistema universitario proporciona titulados al mercado laboral. Sin duda, es algo que viene bien para las empresas. Pero además de preparar buenos profesionales, la Universidad puede hacer algo más por aquellos ciudadanos que se encuentran en sus aulas, en atención a las necesidades sociales. Y es que la sociedad sobre todo demanda personas inteligentes que sepan dirigir su vida, para que así sean después competentes para dirigir la sociedad.

Tomás Baviera Puig
Director del Colegio Mayor Universitario de La Alameda, Valencia
Fuente: conoze.com